Invoco a la diosa de las profundidades. Cuyo sombrío semblante atemoriza el sueño de los niños. Descabellados destellos de realidades inconcebibles pueblan mi corazón con espantos. Manifestaciones sin forma de aquello que alguna vez soñé infinito. Me arrastran hacia las puertas de lo desconocido.
Siente su veneno, escucha su risa, sus ojos se clavan en tu alma robandote la vida.
Descansa en paz y di sus plegarias en tu lecho, sigueme al camposanto y duerme en el cementerio.
Del recuerdo ya no obtengo nada de tu caricia surge un frío temblor que agita mis ... cimientos