que seco la
arcilla,
con la que
Enki creo,
este cuerpo
sin sueños,
cuyo
agotamiento,
envejece mi espíritu,
aún arde en
mi pecho.
Pero el
rencor,
de no ser
quien anhelo,
hierve mi
sangre,
dañándome
con viejos recuerdos
Y me
sostienen,
los pilares
de mis mentiras,
casi al
borde,
de
desmoronarse,
en el eco de mis
falsos intentos.
¡Estirpe de
los Igigi!
¡Rebeldes
que renegaron de la servidumbre!
Transformándose
así en demonios…
Escuchen con
atención,
este
lamentable soneto.
Y cabalguen conmigo,
vencido,
pero orgulloso,
al templo ya
derrumbado
que
conectara tu alma
con tu
interior divino.