En tu prisión
sagrada,
decorada de
amuletos.
En tu
quietud profana,
el triunfo
de lo perverso.
Puedes oír,
de donde
viene la llamada.
Puedes ver,
donde la
sangre se derrama.
¡Sigue la
cascada ascendente!
¡ahógate en
tu voluntad negada!
Derrama una lágrima,
Ante su diabólica
danza.
Y abrirás en
tu alma,
la ventana
de la verdad.
El sellado saber infinito,
el consuelo de los perdidos.
El sellado saber infinito,
el consuelo de los perdidos.
Si crees
percibir el horror
que habita
en nosotros,
veras tu
realidad rasgada
por un
conocimiento
que solo te
ha de confundir.
No te
dejaremos ver
No te
dejaremos huir,
de nuestra lujuria
perturbada
de nuestra
aberrante obsesión.
No
descansaras al dormir.
Nosotros
tenemos el control
No soñaras
al morir.
Eres el
carcelero de tu prisión.