sábado, 26 de mayo de 2018

Metapsicosis


Me vínculo con aquello,
a lo que estoy sometido.
Profundamente resguardo el secreto
-la llave del abismo-

Transmuta mi encarnación...
déjame sentir tus anhelos...

Confúndeme entre espasmos,
guíame a tu templo.
No te lleves a la tumba,
el relicario perdido
de los recuerdos.

Símbolos de sabiduría,
ciencia perdida.
Madre santa de lo absurdo.
Horroriza mi canto,
tu musa desposeída.

Encarna una vez más
en este sermón sempiterno
tu deslumbrante
fulgor demencial.

Merseburg

En las ramas de aquel árbol...
permanece, en el cielo nublado,
solo trae aflicción indisoluble, y entonces...
el ave es el instrumento de aquellos lamentos...

Vil designio...
sin un rumbo
trazado por siniestras Diosas,
hacia ambos lados,
del péndulo te guiaran,
serán tus heridas,
su cruel regalo,
su modo de enseñar...

¿Pero qué destino es este?
¿Cómo en silencio, lúgubre engaño,
con los muertos has de morar?

¡Me llaman entre susurros!
¡Mi nombre es neblina!
Maldición de los perdidos,
compañero de las arpías

Traigo un amargo brindis,
del caído coro celestial.
Como lo llaman los hombres,
el mundo superior se aleja

Y en lo alto,
la sala inundada de tejidos sueños,
de soñados besos.
Allí mi alma se inunda,
de la risa burlona de los vientos,
mi corazón se ahoga...
sumergido en esta sinfonía infernal.