Cuando el
viento acaricia tu danza, no sé si es la risa o el veneno o si es tu gracia
macabra, pero todas las estrellas cantan. Y tus canciones son el testamento de
la belleza, arraigada en el centro del cosmos. Devorado en un sueño, perdido en
algún cuento, siento mi corazón viperino despertar con cada oración. Y si mi
cuerpo maltrecho se levanta con algún esfuerzo, alzo la mirada al cielo, desafiando
cualquier evento. Nos ponemos a pensar si la Luna le pide que cante a los Lobos,
o si la devoción de las bestias agasaja
al Celeste gobernante. Cuando despierto en silencio, solo hay un camino que me
lleve a tus canciones. Solo las bestias comprenden, que las estrellas son la
esperanza para volver, a tu eterna y danzante alma.