domingo, 21 de enero de 2018

Véspero

Ya cayendo humilde, Véspero
a mi alma desciende;
y con él, mi corazón poblado
de simples deidades sin tiempo
rebosa de lamentos.

Los arrullos de pequeñas bestias
seducen mi frenético campo eterno.
Crueles y rastreras vilezas
se apoderan de mis sueños,
cual hiedras amenazantes
así estoy galardonado de resentimientos

Ya no cantan las aves en mi jardín
Los fantasmas claman su llanto desde el averno
Ya no bailan las moscas en su festín
Un despojo solo queda de mí.

Tiemblan las ultimas, marchitas hojas
al conocer la suerte que les depara
caerán en un instante

y su belleza será olvidada por el tiempo. 

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