Acomódate
alrededor de la enfermante falsedad.
Las velas se
han encendido.
El velo se
ha corrido,
y su rostro se ha rebelado.
Ella es a la
vez el veneno que trae el sueño,
y, al mismo
tiempo, el conocimiento que trae el despertar.
Corazón
cruel.
La locura se
convierte en sabiduría,
la muerte se
convierte en vida.
La alegría
se entierra,
como un
recuerdo difunto.
Ataduras
perecederas,
allende a
los mares, en el oriente.
Sobreviven,
en una torre de silencio,
exiliados
jinetes de las nubes,
a mera
necesidad de mantenerme vivo.
Belleza y
sombras consumo,
decorando mi
diamante negro.
Ishtahar de
los cielos,
perdió sus
alas,
en los
dominios más profundos del infierno.
Yo solo
ruego,
que su
sombra sea apacible,
a la hora de
cruzar las puertas,
y desgarrar el velo.
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