Como una
figura agitándose en la neblina
mi voluntad
se abruma,
se sumerge
en la desdicha.
Creyendo que
del veneno una vez
encontré
orgullo y fuerza,
mi razón
somnoliente
entre
sombras se marchita.
¡Maldigo las
raíces de este encanto,
de este
pútrido hechizo de rencor
que abrasó
mi alma y nubló mi juicio!
¡Despliego
mi mente a las estrellas
y a los
océanos que se agitan en el tiempo,
clavo la
mirada en los confines
de lo que
nunca existió
y de lo cual
no hay recuerdos!
¡Disipo la
confusión!
La marea
tenebrosa ya me ha llevado a estas costas
¡Disipo la
desesperación!
Que me
envuelve en su confusa neblina
Y me arrojo,
a los coros del abismo
donde mi
musa espectral será dueña de mi tortura
Y en mi
somnolienta prisión de eternidad
me entrego a
los dioses y a su pagana idolatría
para llenar
de sentido mi aturdida identidad.
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