miércoles, 29 de agosto de 2018

Diario de tormentos


Deseo embriagarme en un llanto desconsolado.
Que las sílfides suspiren,
con mi aliento agotado.
Que las tejedoras profanas,
cesen su labor,
al saber de mi lamento.

Mas en mi corazón, la sequia,
ha puesto alto a todo sentimiento.
La pradera de sueños,
que reverdecían en surreales atardeceres,
hoy es un siniestro y despoblado desierto.

Perdido en anhelos,
deambulo entre recuerdos, viejos ecos,
que fluyeron en mis mejores tiempos.

Hoy ya sin razón para mirar en lo incierto
encomiendo mi diario de tormentos,
a aquellas hermosas almas
que ven poesía en el sufrimiento.

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