No solo me
recuerdan,
como el
malvado rey del engaño.
Sino que me
han condecorado,
con la
vileza, de cada entraña,
tejida como
el manto,
de su
lamento negado.
Soy el error
del humano,
lo
reprimido, lo censurado,
soy aquello,
que los
dioses han condenado.
Pero en esta
caverna,
donde
conmigo estas atado.
Dejas de ser
quien eres,
quien fuiste
ya no está presente.
Lo que
sentiste,
ya no te
convence.
Consume la
tregua
concedida
por la apatía
¡enciende tu
rabia ardiente!
Y en el momento,
que tus
huellas te eleven,
por el
castillo
ya cubierto
de nieve.
Entonces tu
agonía,
ya no
temblara ante la muerte.
Y tendrás
una marca,
una sigla en
tu frente.
Que te
dejara cruzar,
por demonios
custodiados,
aquel viejo
umbral demente.
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