domingo, 2 de febrero de 2020

Inquieto anhelo


No hay veneno
que sea dueño de mi alma.

El fantasma del inquieto
anhelo ,
por fuegos prometeicos
forjado.
Lanza la entraña,
de un pensamiento,
mal encaminado.

No hay veneno
que sea dueño de mi alma.

Pero, ¡como trate!
De alejarme,
de coronados sueños tiránicos,
condecorados con el galardón enfermo
de una sinfonía disonante.

Siento que la oferta,
de la sombría perversión,
agita mis sentidos,
agudiza mi percepción.
Y sacrifica,
la frustrada oleada,
de mi arrebato de inquietud.

No hay veneno que sea dueño de mi alma.
Pero el fantasma,
del anhelo forjado,
por fuegos prometeicos galardonado,
seduce mi simpatía.
Y mi razón me engaña.

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