Olvidada
incluso,
por el
eterno mar,
perdida en
la marea
de la consciencia
humana
¡yo te
convoco,
para mis fantasías
entregar!
A las
oleadas infinitas,
de la
amargura sin fin.
Yo las
saludo.
A los
vientos que, del este,
se arremolinan
en mi frustración.
Con cantos
os despido.
¡Por el
fuego!
que tortura
mi cordura,
en este
solitario confín.
No pido perdón.
¡Fuerza sin
nombre!
Elévame más allá,
del océano eterno
del silencio.
Y muéstrame
la caverna,
donde se esconde,
tu siniestro
tesoro.
Lampara
negra,
¡convoco a
tu genio perverso!
Desgarra la
confusa apatía,
Que como a
Manfred,
me sumerge en
arcanos engaños
Devuélveme a
mis sueños
Dorados, de
amor
Ardiendo, en
el amanecer.
Y llévate a
tu resguardo,
el aceite
negro,
de mi descontrolada
destrucción.
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