martes, 23 de junio de 2020

Silencioso guardián


Silente guardián,
déjame deslizar,
sobre tu rostro una caricia.

Hazme contemplar,
en una danza de quietud,
la infinita certidumbre,
de tu caída divinidad.

Recorre conmigo,
en susurros,
esta estepa fantasmal.
Eleva la irreverente oleada,
que mis sueños consumirán.

Y te ofreceré,
a cambio en mi memoria,
un secreto y un regalo,
robado en el sangriento altar.

¡Oh! Silencioso ángel de piedra,
deja que mis pensamientos, reposen
en tu campo de imperturbada frialdad.

Y que las tenebrosas tormentas
se alejen, hacia el este,
dejando mi mente,
por fin en paz.

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