Sumérgete en las aguas
de este viejo templo.
En cuyo rito,
la misericordia,
será tu perdición.
Los muertos buscaran en ti,
sus nombres perdidos,
en la vorágine de su desolación.
Redime en tu complacencia
lo que permite su destrucción,
aniquila, la vacuidad latente,
de aquella sangre,
derramada en nombre de la
devoción.
Deambula en prisiones de éter,
cuando bajo las aguas,
la noche se termine,
y el mundo vuelva a su lugar.
Escapa de tu esencia,
cuando el sueño dorado,
que supo ser tu guía
entre viejos tormentos,
se apodere de tu razón.
Y entonces entenderás,
que no hay nada más que decir.
Naufraga entonces,
por estas aguas
intranquilas pero sagradas,
donde se contaron,
viejas historias de dolor.
Trata de llegar en calma,
al prometido consuelo ofrecido
que tu alma tanto anheló.
Y si te pierdes,
en la neblina olvidada,
busca las piedras secretas,
y baila con tus lagrimas
que son el fruto
de esta ofrenda y canción.
Exprésate entonces en lo eterno
y descubre sin remordimiento,
tu ancestral manifestación.
Absuelve sus almas en lo eterno,
recita esta suave canción.
Mientras tu tristeza,
viaje en el viento,
y las bestias aúllen con vos.
Sella tus labios,
para que no cuentes sus secretos,
recuerda sus nombres,
y escolta tu corazón,
mientras renuncias,
a la culpa que es tu prisión.
Si tu mente escapa de ti,
desvanece todos tus anhelos.
No te ahogues en la desesperación,
y consuélate sabiendo,
que solo cometiste otro error.
Olvida,
toda venganza insatisfecha,
corre a tu guarida,
como un relámpago atroz,
y aprende,
que la tormenta
la paz te ofreció.
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