viernes, 27 de marzo de 2020

Etemenanki

El fuego azul,
que seco la arcilla,
con la que Enki creo,
este cuerpo sin sueños,
cuyo agotamiento,
envejece mi espíritu,
aún arde en mi pecho.

Pero el rencor,
de no ser quien anhelo,
hierve mi sangre,
dañándome con viejos recuerdos

Y me sostienen,
los pilares de mis mentiras,
casi al borde,
de desmoronarse,
en el eco de mis falsos intentos.

¡Estirpe de los Igigi!
¡Rebeldes que renegaron de la servidumbre!
Transformándose así en demonios…
Escuchen con atención,
este lamentable soneto.

Y cabalguen conmigo,
vencido, pero orgulloso,
al templo ya derrumbado
que conectara tu alma
con tu interior divino.

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