Océanos poblados de estropeados fantasmas, hielan la sangre de quienes pronuncian sus nombres. Claman al olvido sin compasión por la eternidad, tironean de sus grilletes, solo para oírlos gritar. Aprisionadas imágenes que revolotean sin cesar, te llevan a desear que todo acabe al final. Que se quemen las cruces y se ahoguen en sus templos los dioses de quienes controlan tu realidad. El lamento de aquellos que flotasean en la oscuridad, podría ser una canción repitiéndose en la cotidianidad, patrones de tiempos deshechos por la maldad, llevan a los hombres a querer ocultar la verdad.
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