viernes, 8 de mayo de 2015

Mundo

Te invito a sobrevolar, este cielo de eternas fragancias azules. Donde no importa hacia donde vuelen las golondrinas, siempre se remonta hacia los sueños de un tiempo eterno. No dejes tu sonrisa opacada por las tormentas, enciende la chispa divina que cubra de calor la fría amargura. Dame el néctar que nutre mis sueños si tambaleo ante el pasado. Pero si me ves perdido y desorientado, busca mi corazón entre todos tus regalos. Si la fuerza del alma nace del dolor, brillemos en este cosmos carente de color. Si dos caminos son paralelos, no dejes que se crucen hasta el fin. Si me lamento por tan poca atención, abrazame fuerte y te pediré perdón. Estallidos y carcajadas de recuerdos son el compás de esta humilde canción. Si miramos para atrás, el miedo y el dolor no nos dejaran volar, si la risa y el llanto algo nos han enseñado, es que para aprender hay que salir dañado.  Si te miro a los ojos me pierdo en los mundos que no podrán ser, pero si bajo la mirada no tendría otra forma de reconocer  a la estrella magna, que visito mi corazón dejándome su luz para aprender. Si te rememoro en este dulce soneto, quisiera que bailes en este cielo de eternas fragancias azules, y que nunca dejes caer una lágrima en el plateado rostro de la Luna.

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