martes, 12 de enero de 2016

Caída

Dulce tempestad, invocada desde las mareas confusas, de la ira que disfraza el miedo a la locura. ¡Oh! suave cuchilla que corta mi piel, despójame de esta mortaja de carne si alguna vez te dañe, deja fluir el néctar que me condena en vida a la paranoia incesante que me abruma y a la vez me acaricia. Cierra tus ojos, princesa de todas mis tormentas, despliega tus alas negras y rasga el velo de los mundos, ábrete paso entre las sombras que de niña con tu alma juguetean. Hemos abierto los ojos con la luz del caído, eh sido poseído por mi espanto primitivo,  has sido marcada para alcanzar la negra llama, anúnciate en susurros o caricias si ya sabes que tu también portas mi malicia. Cuando la ira o el terror se hacen presentes, toman la apariencia de sonrisas o emociones diferentes. Baila princesa mía, dame tu sangre una vez más y olvídate del cosmos y las mentiras, ambos hemos deseado contemplar nuestra propia y poética caída.

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