En el Templo
de los sueños donde escondidos del mundo ordinario, hicimos nuestras promesas
de amor, se agita impacientemente (esperándonos) el poder del inframundo que
ansiamos gobernar. Las imágenes del Templo son mareas ondulando violentamente
entre un ritmo agresivo y una quietud atemporal, no solo se decora con gritos y
colores dotados de movimiento, también se alzan testamentos permanentes de
nuestros deseos en cada dirección. Creamos un mundo donde encajan las piezas
desviadas de nuestra condición, dormimos en la tierra que creímos perdida y
olvidada. Tenemos demonios susurrando ideas abstractas, contradictorias o
repetitivas, tenemos fantasmas acompañándonos en cada decisión, pero cuando
me tambaleo y amenaza con desaparecer la
cordura, busco en tu silenciosa mirada alguna respuesta. Quiero alzarte entre
los muertos, coronarte como mi reina, salvarte la vida transformándote en la
Diosa mítica que hay en tu corazón. Perdoname cuando mis palabras sean impulsos
negados decorados en fantasías perversas, pero a veces no puedo negar que soy
otro gusano arrastrándose en la mugre, no siempre soy el cuervo que guarda los
secretos de la magia o el búho que observa en silencio, comprendiendo con
dolor, a veces estoy condenado a ser solo un simple humano, arrastrado por la
vergüenza y el anhelo de ser un Dios. Cuando los muertos nos pidan ser parte de
su marea tenebrosa, inevitablemente me dejare llevar a lo profundo. Donde
fuerzas invisibles no puedan afectar mi alma, donde el poder se encuentre en
nuestra palabra, te besare para dormir en tu mirada y sentir calma habiendo
encontrado la felicidad regalándote mi mundo moribundo para gobernar.
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