martes, 12 de enero de 2016

Muriendo

Si te estorban mis torpes muecas histéricas o si te molesta  mi enfermizo movimiento continuo, lo siento mucho pero no tengo ninguna razón para pedir que me disculpes. Si a veces sostengo la mirada con frialdad y firmeza, no te tortures demasiado nunca dura hasta hacer daño, siento una sutil fuerza pacificadora que me obliga a delatar tu hermosura. ¿Qué es lo que crees que ves en mis ojos? Solo reflejo lo que me llega de tu alma, devuelvo con una pizca de mi esencia las ternuras de tu mirada. Quiero honrarte contándote uno de mis secretos, primero aclararte que todo cuanto pienso y digo cambia y se transforma y que por eso debes tomar mis palabras como la realidad de este preciso momento, de esta precisa manifestación de la personalidad. Mis ojos y mi sonrisa solo expresan lo que perciben de tu alma, si ves amor en mí, es tu amor, si ves ternura, es tu ternura, si ves paranoia, histeria o desesperación no te culpes, a veces arrastro demonios y fantasmas de una vieja y melancólica encarnación. Es el bucle de tiempo que recorre mi personalidad, alternándose entre obsesiones y enseñanzas del pasado, recordando austeros paradigmas de comportamiento y sonriendo siempre en ese preciso momento... Ahora si me agito me sacudo y muero, puedo contar con la seguridad de haber ya vivido este momento, conozco los colores y el aroma de los mundos vivos y los muertos. Puedo ver los fuegos del infierno por el hueco de tu ojo izquierdo, y puedo escuchar tu corazón palpitar con ese ritmo que en la música siempre encontras. Dame tus mil sonrisas, deja que me cubran un tiempo, quiero mostrarte en mis ojos una verdad que olvidaste hace tiempo, tu corazón está lleno de ternura y sufrimiento. Mi alma se empapa con recuerdos nuevos, y no importa que tan largo sea esto que estoy escribiendo, ni cuantas vueltas de para explicar lo que siento. Mi verdad es más sencilla ahora que lo pienso, amo sonreírte para que veas lo que llevas dentro, lo que sos capaz de darme, mi sonrisa es el recordatorio de lo bueno que aun conservas en tu pecho, mi histeria es solo miedo deambulando y empujando en su continuo movimiento, él no me va a abandonar pero puedo aplacar su sometimiento. Basta de escribir mil veces el mismo sentimiento, si supiera como terminar esta oración estaría muriendo.

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