Quebraste el
rubí sangriento, ofreciste tus sueños al infierno. Empapaste tus alas con el
ruido de cascabeles secos. Y yo sigo aquí
deseando. Estoy por ti sangrando. Quiero escuchar como tu risa devora el dolor
de ángeles necios. Sembraste en mí el color de la noche. Perfumaste tu mirada para
encantar mi alma. Y yo sigo aquí en el altar de piedra desangrándome para que
devores mi alma. Unidos en este antiguo rito los secretos arden en nuestro
imponente espíritu. Dile adiós a los fantasmas que hoy se arrodillan temblando
ante nuestras sombras aladas
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